PAISAJE INFINITO (2108-...)

La primera mirada fotográfica sobre la realidad perteneció sólo a la propia luz”, nos lo dice Llorenç Raich Muñoz en su libro “Poética fotográfica”. Al leer esta frase me vino repentinamente la imagen de las fotografías de esta serie. Es un grupo de imágenes en las que ante todo está la luz y el tiempo. Son los mismos lugares recurrentes pero mirados de otra forma.

 

En referencia a un trabajo anterior (Lightness) y germen de este, Carlos Cánovas me escribía:

“El conjunto más significativo del trabajo parece implicar una desmaterialización del paisaje, que tiende a desvanecerse en la luz.

Las fotografías serían algo así como una imagen intermedia en los “fundidos” a blanco de algunas películas, cercanos a lo que suele llamarse “high-key”.

Es como si la luz fuese excesiva (diríamos que la luz a veces “duele”).

Otra cuestión no menos importante, que está quedando aparcada es la de POR QUÉ. ¿Es solamente una cuestión formal, estética?, ¿Está en juego una noción de espiritualidad en el paisaje?”

 

En este nuevo proyecto sigo haciendo lo mismo, en los mismos lugares, pero esa desmaterialización del paisaje pretendo recomponerla y reconstruirla para darle duración y entidad ganancial en cada foto-composición múltiple del proyecto.  Las imágenes individuales, que formarán, unas con otras, un todo único, siguen siendo como esos fundidos a blanco que comenta Carlos, ya que están realizadas con una cierta sobre-exposición y además con una duración en el tiempo que dejan que el paisaje se exprese por si mismo y vaya impregnando de luz el sensor de la máquina fotográfica. 

Además, como dice Darren Almond en su libro “Lente lunar”, “Con exposiciones largas no hay modo de ver lo que estás fotografiando. Sin embargo, le das más tiempo al paisaje para que se exprese.” Realmente cuando haces una fotografía con una duración de 5-8 segundos y además pretendes unirla a otras 11 fotografías realizadas de la misma forma, no digo yo que no sepas qué va a salir, pero si que posiblemente el resultado sea al menos sorprendente, como así es, esperadamente sorprendente.

 

Pienso que Carlos en el texto citado anteriormente tenía mucha razón, cada vez estoy más seguro de que voy buscando, en esos paisajes que me rodean y que me son bien conocidos, una cierta “espiritualidad”, como concretamente dice “una cierta noción de espiritualidad en el paisaje”. No diré que no. 

Si miramos mas atrás, buscado esa “espiritualidad” como esa presencia divina en la naturaleza podríamos recordar la escena de Elías, el gran profeta del pueblo judío, que huyendo de los hombres que buscan su perdición y que poniendo toda su esperanza en Dios se refugia en una pequeña gruta en el monte Horeb, en el desierto. Allí espera la manifestación de Dios. Así nos lo cuenta la Biblia en Reyes 1: “… hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto fuego, pero tampoco en el fuego estaba el Señor. Después del fuego el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva. Le llegó una voz que le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?”. El Señor se manifiesta en el susurro, en la brisa, en la luz suave… Tal vez la espiritualidad, esa “noción de espiritualidad en el paisaje”, esté en esa suavidad y tranquilidad, en esa abundante luz. En ese “high-key” que cita Carlos en su escrito.

 

Pienso que, como fotógrafo, o desde que miro con la mirada del fotógrafo, esa mirada se convierte en contemplación, en mirar despacio, en ver y disfrutar de cada detalle, de cada color, de la luz que peina los arboles y se mece por las nubes inundando todo de vida y color.

 

 

 

Paisajes infinitos… hace unos años me planteé la posibilidad de fotografiar otra vez los mismos lugares que ya había fotografiado en otras ocasiones, pero de otra manera, despacio, sin prisa, tenía la necesidad de contemplarlos, dejando que el lugar se exprese, que la luz fuera lentamente sensibilizando el sensor de la cámara… pasando el tiempo para que la imagen dejara de ser una instantánea para convertirse en continua durante unos segundos. De esta forma, aunque el resultado pudiera parecer idéntico, no lo era, en cada fotografía se habían captura unos segundos de paisaje. Además, siempre tendiendo a que la exposición fuera cercana al exceso para dar esa sensación de captar además del lugar su espíritu, su luz…

De este proceso surgió la serie Lightness (expuesta en la sala Buhardilla de la Ciudadela de Pamplona en junio de 2016), un grupo de fotografías de paisaje realizadas de otra forma, con tranquilidad, dejando expresarse al paisaje.

 

A pesar de este esfuerzo por captar el paisaje en todo su esplendor, su vida, su espíritu, …, me quedé con la sensación de que faltaba algo. No era completamente la idea que tenía en mi cabeza. Y volví, y sigo volviendo, a los mismos lugares a re-fotografiarlos de nuevo, pero aun más despacio.

 

Si en el primer intento cada imagen me llevaba entre 5 y 10 segundos, con lo que la instantánea se alargaba en el tiempo y el lugar había cambiado en ese proceso. Ahora, aun más. Ya no es una imagen larga en el tiempo, sino 9 - 12 imágenes que se yuxtaponen y fotocomponen para dar un nuevo paisaje, que de inicio a fin se ha alargado en el tiempo. Por eso lo denomino Paisaje Infinito, porque además de convertirse en una amplia panorámica, que abarca mucho mas que una sola fotografía, es la suma de doce tomas realizadas despacio de forma que del primer disparo al último han pasado varios minutos y el paisaje a cambiado muchísimo mas, aunque imperceptiblemente.

 

Esta serie habla de la luz y del tiempo. Trata de como la cámara tan sólo es un testigo que capta lo que el mundo expresa. Hay que dejarle tiempo por que el mundo no es estático, es cambiante. La luz, el color, las sombras, el viento, …, quedan reflejados en cada poli-foto-grafía. Son imágenes en las que el tiempo pasa y las recorre.

 

Llevo unos meses regresando a los mismos lugares. Aunque bien podría no ir a ningún sitio. Tal vez esta forma de ver el paisaje es mucho mas interior (mirando hacía adentro, hacía esa luz interior, con ese tiempo propio) que el propio paisaje, que termina convirtiéndose es una excusa para que todos puedan verlo como yo.

 

Es un trabajo que está en crecimiento y evolución. Supongo que se irá materializando libremente. Búsqueda interior y que, hoy por hoy, esto es lo que voy encontrando. Un paisaje poliédrico. Una “noción de espiritualidad en el paisaje”.

 

Tal vez cada fotografía tiene un poco de mi.