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«Yerushalayim, en hebreo antiguo significa “la ciudad de la Paz”; y sus primeros habitantes se instalaron en la ladera del monte de los Olivos, esos árboles cuyas ramas se convirtieron en el símbolo universal de la concordia. Una interminable sucesión de profetas habían proclamado aquí la paz de Dios para los hombres, y David, el rey judío que la había hecho su capital, la había honrado con esta invocación: “Rogad por la paz de Jerusalén”». Me sirvo de esta cita del libro “Oh, Jerusalén” de Dominique Lapierre y de Larry Collins a modo de introducción de esta serie fotográfica que podría reflejar ese crisol de culturas y de gentes que es la Jerusalén actual.

A lo largo de los siglos. Desde Abraham y su subida al monte Moria con su hijo Isaac, para ofrecerlo en sacrificio a Dios, hasta hoy han pasado muchas gentes y muchas historias por esas tierras que han ido configurando la personalidad única del lugar.

Cananeos, Israelitas (descendientes de Israel, nieto de Abraham), griegos, romanos, musulmanes, cruzados, otomanos, británicos y judíos, diversas gentes y diversas culturas han ido configurando lo que hoy es Jerusalén.

Jerusalén la ciudad de la paz tiene muchas cicatrices y a la vez es la ciudad santa para las tres religiones monoteístas.

 

Es un lugar fotográficamente rico y deseable. En esta serie, realizada en varios viajes, no salen los edificios, las basílicas, las mezquitas, …, tan sólo gente. Personas que la habitan o que la visitan. Árabes, judíos, turistas, … muchos hombres y pocas mujeres. Trabajando y rezando. Descansando y charlando, vendiendo y comprando.

 

Para el viajero occidental todo llama la atención, los colores, los aromas, los sonidos. 

Para la persona creyente además de todo esto es un viaje interior, lo he experimentado y lo he visto en otros. Leí hace poco un eslogan que decía: «Visitar Tierra Santa te lleva unos días… pero vivirla, y vivirla de verdad, te dura una vida entera». Es cierto, doy fe de ello.

La primera que vez fui allí me preguntaba ¿Por qué Jerusalén tiene algo tan especial? Y buscando encontré unas palabras del que fue un viajero incansable en las que se refiere a esos lugares divinos: «Hermanos y hermanas, mientras dedicamos esta nueva iglesia, podemos hacernos la pregunta que afligía al rey Salomón cuando estaba consagrando como morada de Dios el templo de Jerusalén: “¿Es que verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta casa que yo te he construido!” (1 R 8,27). Sí, a primera vista, vincular determinados “espacios” a la presencia de Dios podría parecer inoportuno. Sin embargo, es preciso recordar que el tiempo y el espacio pertenecen totalmente a Dios. Aunque el tiempo y todo el mundo pueden considerarse su “templo”, existen tiempos y lugares que Dios elige para que en ellos los hombres experimenten de modo especial su presencia y su gracia. Y la gente, impulsada por el sentido de la fe, acude a estos lugares, segura de ponerse verdaderamente delante de Dios, presente en ellos». (cita de s. Juan Pablo, homilía de la misa de la consagración del santuario de la Divida Misericordia, 17-VIII-2002).

Después de leer este texto por primera vez, comprendí que tal vez Jerusalén tenga una presencia diferente. Que toda esta gente que veremos en las fotografías se sabe y se siente en su “ciudad de Dios”. Dios para los cristianos. El Todopoderoso para los musulmanes. Yavé o Yahveh o Elohim (YHWH) para los judíos.

 

 

La serie fotográfica (una selección del conjunto), de origen digital, está revelada en cuadrado y en blanco y negro. Mi idea es que sean pequeñas fotografías de viaje a las que uno tenga que acercarse para apreciarlas. Son imágenes tomadas de forma rápida intentando pasar desapercibido y así captar la verdad y la realidad del momento y de las expresiones de la gente sin sentirse amenazadas por una cámara fotográfica. 

 

Ahora toca a cada uno leer las imágenes y descubrir las historias ocultas en cada una de ellas…