La ficción del límite

La ficción del límite

imponer un borde

 

Las murallas son una idea antes que una forma.

Son límite, refugio, frontera. Son también una declaración: hasta aquí lo propio, más allá lo incierto.

Desde que el ser humano dejó de caminar sin rumbo fijo y decidió permanecer, surgió la necesidad de delimitar. Hace unos 12.000 años, con los primeros asentamientos estables, aparecieron no solo las casas, sino también las primeras líneas de defensa. Empalizadas, cercas, muros. No solo para protegerse de animales o de otros grupos, sino para preservar algo más frágil: la intimidad, el sentido de pertenencia, la construcción de un “nosotros”.

Ciudades como Jericó, habitadas de forma ininterrumpida desde entonces, son testigos de ese impulso primigenio. Más cerca, en Las Eretas, las huellas de la Edad del Hierro revelan cómo aquellas primeras comunidades ya entendían el territorio como algo que debía ser defendido y organizado. La muralla no era solo una estructura: era una forma de pensar el mundo.

Pamplona no es ajena a esta historia. Fundada en el año 75 a.C. por Cneo Pompeyo Magno sobre un asentamiento vascón, la ciudad nació ya bajo el signo de la delimitación. Como tantas urbes romanas, fue trazada, ordenada y rodeada. De aquellas primeras defensas no quedan restos visibles, pero su lógica persiste, como una huella invisible en el tejido urbano.

A lo largo de los siglos, las murallas de Pamplona cambiaron de forma, de función y de dueño. Visigodos, musulmanes, reinos cristianos. Cada época levantó, amplió o destruyó sus propias fronteras. En la Edad Media, la ciudad llegó a fragmentarse en tres núcleos —Navarrería, San Cernin y San Nicolás—, cada uno protegido por sus propios muros, cada uno desconfiando del vecino. Las murallas ya no solo separaban el interior del exterior, sino que dividían identidades, lenguas y formas de vida.

La unificación de la ciudad en 1423 por Carlos III de Navarra supuso también la transformación de esos límites internos. Se derribaron fronteras, se redefinió el espacio común. Sin embargo, la muralla exterior permaneció, adaptándose a los nuevos tiempos. En el siglo XVI, con la incorporación del Reino de Navarra a Castilla, Pamplona se convirtió en plaza fuerte, reforzada con nuevas defensas capaces de resistir la artillería.

Pero las ciudades, como los organismos vivos, crecen más allá de sus propias pieles. Los ensanches de los siglos XIX y XX rompieron el corsé de piedra. Las murallas, antaño frontera, quedaron atrapadas dentro de la ciudad, convertidas en vestigio, en memoria, en paisaje.

Y entonces surgieron otras.

Las nuevas murallas no son de piedra, sino de asfalto. No se elevan, sino que rodean. Son las rondas: la Ronda Oeste de Pamplona, la PA-30. Infraestructuras que delimitan, canalizan y separan. Fronteras contemporáneas que dibujan el contorno de la ciudad y regulan su respiración.

Como en las antiguas murallas, existen puertas. Ya no son portales monumentales, sino nudos viarios, grandes rotondas donde confluyen direcciones y destinos: San Sebastián, Zaragoza, Jaca, Logroño, Francia. Espacios de tránsito que, sin proponérselo, reproducen la lógica de las viejas aduanas. A su alrededor, áreas comerciales, gasolineras, hoteles. Nuevas posadas para un viajero distinto, apresurado, encapsulado en su propio desplazamiento.

Esta serie fotográfica se sitúa en ese borde difuso. En ese lugar donde la ciudad se define y se diluye al mismo tiempo.

Porque toda muralla, en el fondo, es una construcción mental. Un intento de ordenar el caos, de dar forma a lo habitable. Como sugiere Tu ciudad soñada, la ciudad no es solo lo que vemos, sino también lo que imaginamos y proyectamos sobre ella. Las murallas, antiguas o contemporáneas, son parte de ese relato: líneas que separan, pero también que dibujan la posibilidad de un lugar.

 

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Bibliografía y referencias

  • Estrabón
    Geographia.
    Referencia clásica para las primeras menciones de Pompelon y el territorio vascón.
  • Jared Diamond
    Armas, gérmenes y acero.
    Sobre el origen de las sociedades agrícolas y los primeros asentamientos humanos.
  • David Graeber y David Wengrow
    El amanecer de todo.
    Relectura contemporánea del nacimiento de las ciudades y las estructuras sociales.
  • Jericó
    Considerada uno de los asentamientos urbanos más antiguos con sistemas defensivos documentados.
  • Las Eretas
    Yacimiento arqueológico clave para comprender las primeras fortificaciones en el Alto Ebro.
  • Guerra de la Navarrería
    Episodio fundamental en la configuración urbana medieval de Pamplona.
  • Carlos III de Navarra
    Impulsor del Privilegio de la Unión (1423), que unificó los burgos de la ciudad.
  • Ciudadela de Pamplona
    Ejemplo de fortificación moderna adaptada a la artillería.
  • Marc Augé
    Los no lugares.
    Clave para interpretar los espacios contemporáneos de tránsito como gasolineras, áreas comerciales o nudos viarios.
  • Paul Virilio
    Reflexiones sobre territorio, velocidad y organización del espacio en la modernidad.
  • Juan Carlos Valerio Martínez de Muniain
    Tu ciudad soñada.
    Aproximación poética y conceptual a la ciudad como construcción mental y simbólica.

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Nota

Este proyecto se apoya en fuentes históricas y arqueológicas diversas, así como en lecturas contemporáneas del espacio urbano. No busca una reconstrucción exhaustiva, sino una interpretación visual y conceptual de la ciudad como límite, refugio y proyección imaginada.